• Glow

Literalmente Brillante



Últimamente, he tenido la súbita urgencia de sumergir mi mano en una bolsa de brillantina… brillantina púrpura para ser exacta. Tal vez es porque no he estado en casa desde hace dos o tres años, tal vez es porque el universo me está diciendo que me convierta en una raver. La raíz de este impulso comenzó cuando era una niña, y mi profesora de arte me escondía las bolsas de brillantina, porque la traviesa pequeña Glow solía colocarse paralela a la mesa de arte donde estaba ubicada la bolsa y meter su mano en ella. Irónicamente mi terapista física solía decirme que la gente con mi discapacidad tendía a tener una respuesta táctil sensible. Lo cual significa que no le gusta tocar cosas, sin embargo, yo amaba pintar con los dedos. Estas son solo algunos de los recuerdos de cuando yo era una niña. Momentos que se sentían completamente normales para mí, sin embargo, cuando los recuerdo me hacen reír, porque bueno, estos recuerdos están matizados con mi discapacidad y yo nunca lo notaba.

Yo nací en una familia grande, y por eso, estoy eternamente agradecida. Debido a la premisa de que cuando era una niña pequeña me encontraron hablando a las paredes, tener hermanos y otros parientes a mi alrededor probablemente fue para mejor. Amábamos jugar a las escondidas, desafortunadamente, hacíamos malas elecciones en cuanto al tiempo y lugar, ya que para el momento que reclutábamos a cada pelagatos, era de noche y siempre había un HDP que quería que jugar afuera fuese válido. Ahora que estoy reflexionando sobre esos tiempos, me doy cuenta lo absurdo que era. Imagíname a mí tratando de encontrar un lugar donde esconderme. Definitivamente no era bajo la cama, o en la casa del árbol. Generalmente yo trataba de estacionar mi silla estratégicamente detrás de una palmera, y cuando me daba cuenta que nunca iba a pasar, me movía para detrás de una cerca. Creo que una vez me regañaron por habernos encerrado a mi prima y a mí en el baño, no porque estuviéramos, claramente, haciendo trampa, sino porque no podíamos cerrar las puertas en nuestra casa. Por otra parte, nunca nos encontraron, así que totalmente valió la pena. Esconderme era de hecho, mi parte favorita del juego, porque buscar nunca se me daba, ya que una vez más estos pequeños HDP decidían esconderse en lugares que yo no podía buscar. Una vez más, lugares como debajo de la condenada cama, o en un closet con una puerta que no podía abrirse fácilmente, lo que me obligaba a empujar la cama con mi silla, dejándolos completamente expuestos. O recurrir a golpear la puerta del armario hasta que se asustaban y rendían, lo que apenas sucedió. Independientemente de las luchas que me ocurrían durante el riguroso juego del escondite, siempre fui uno de los primeros chiquillos a bordo.

Honestamente, creo que la razón por la que me torturaba a mí misma durante este juego (soy consciente, eso es una exageración), era porque apreciaba lo imbéciles que eran los miembros de mi familia cuando jugaban, no tenían piedad de mí, y tampoco yo, atropellé a un par de niños. Fueron eventos como este los que cubren el lamentable estigma que la sociedad coloca sobre los niños con discapacidades físicas. No voy a mentir, yo era una niña traviesa y astuta, no maliciosa, no malvado, hay una diferencia. La razón por la que yo era así, era porque romper el pomo de la puerta del armario y alejarme lentamente tratando de no dejar ningún rastro del asunto, para no meterme en líos, en el fondo me llenaba de alegría, porque era lo mismo que hacían mi hermano y mi hermana, se sentía normal. Hacer que mi asistente limpiara mis manos llenas de brillantina, se sentía como algo juvenil, y el hecho de que estaría rascando brillo de mi cuerpo durante un mes, nuevamente, valía la pena.



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