Tis Me, Glow.

So here’s the thing. Growing up I didn’t have someone to bitch to about my disability. I mean I did, it was just pointless because turns out, my mom, my assistant, and my therapist did not have Spinal Muscular Atrophy Type Two, so the whole gist of the complaint would be lost as they tried to interpret my words. I was taught that the quiet person in the back was always the most mysterious, and so I tend to keep to myself. That ends now. I have a lot of shit to say and no, you will not agree with me 75% of the time. If that turns out to be the case, you can just close your computer; unless you physically can’t in which case you can ask your assistant to close the computer for you. Regardless, this blog is not for you. It’s for the sixteen-year-old girl who is going through some teenage shit, and some disability shit. Thus, leaving her ambivalent to the idea that maybe one day both shits might be able to actually mix into one harmonious, shit. The answer to that… I’m still trying to figure out, but I’m leaning towards yes. 

 

There is nothing more frustrating than feeling like I constantly have to shift modes. Personally, that means I hover back and forth from “I’m a normal woman with a shoe fetish” mode, and “Oh crap, I’m disabled and the elevator at my apartment complex is broken” mode. I think this would be a good time to point out to those who are reading and speculating over the legitimacy of my personas by comparing them to their basic asses that they should go to someplace called El Carajo (feel free to look it up. I hear it’s lovely in the spring). What I’m trying to say is don’t compare yourself to me because I am here to tell my story through my eyes, and maybe, just maybe, paint a clearer picture of what a disabled woman sounds like, because God knows you haven’t taken the time to actually talk to one. 

Esta soy yo, Glow

 

Así que esta es la cosa. Cuando crecí no tuve a nadie a la que fastidiar por mi discapacidad. Quiere decir, lo hacía, pero no tenía sentido, porque mi mamá, mi asistente y mi terapista no tenían Atrofia Muscular espinal Tipo Dos, por lo que se perdería todo el meollo de la queja mientras intentaban interpretar mis palabras. Me enseñaron que la persona tranquila en la parte de atrás siempre era la más misteriosa, por lo que tiendo a mantenerme callada. Eso termina ahora.  Tengo un montón de vainas que decir y no, no estarás de acuerdo conmigo el 75% de las veces. Si eso resulta el caso puedes simplemente apagar tu computador. A menos que físicamente no puedas hacerlo en cuyo caso puedes pedirle a tu asistente que la apague por ti.  Independientemente este blog no es para ti.  Es para la chica de dieciséis años que está pasando por alguna mierda adolescente y alguna mierda de discapacidad.  Por lo tanto, dejándola ambivalente a la idea que tal vez algún día ambas mierdas puedan ser capaces de mezclarse en una sola mierda armoniosa.  La respuesta a eso… aún estoy tratando de hallarla, pero me inclino porque sí.

 

No hay nada mas frustrante que sentir como constantemente tengo que cambiar de modo.  Personalmente, eso significa que me paseo entre el modo “Soy una mujer normal con un fetiche por los zapatos” y el modo “Ay carajo, soy discapacitada y el elevador en mi complejo de apartamentos está dañado”.  Creo que este es un buen momento para señalar hacia quienes me están leyendo y especulando sobre la legitimidad de mi persona, al compararla con sus básicos traseros, y decirles que deberían estar yendo a un lugar llamado El Carajo (Búscalo libremente. He escuchado que es encantador en primavera). Lo que trato de decir es que no te compares conmigo, porque yo estoy aquí para contar mi historia a través de mis ojos y tal vez, sólo tal vez, describirte mejor cómo suena una mujer discapacitada, por que Dios sabe que no te has tomado el tiempo para realmente hablar con una.

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© 2018 Glow Rivera-Casanova