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A la Azafata C$&%#:

Voy a subir esto así sea lo último que haga.

Es la segunda vez que escribo esta entrada, la última vez se borró solo, ya que mi tableta es muy sensible y bueno, espero que puedas sacar tus propias conclusiones. No quiero revivir el trauma.


La última vez, comencé esta entrada de blog preguntando si tú eres una de esas ‘’influencer’’ discapacitada de guías de viaje que constantemente están apareciendo en mi Instagram, y estás leyendo esto: Por favor. Contáctame. Tengo preguntas. ¿Cómo hiciste para llevar tu Permobil desde la Torre Eiffel a las Pirámides Egipcias y que llegara entera?

Para esos que no entienden, viajar con una discapacidad física es jodidamente DIFICIL. Al menos cuando tienes AME. Te lo pongo en términos de una persona con capacidades corporales completas:

Te montas en el avión con cuatro piernas, y cuatro horas más tarde te bajas del avión con 3 piernas y un dedo roto. Eso tiene un efecto amortiguador en tu viaje. A través de los años, mis padres y yo hemos probado de todo. Hemos envuelto la silla en plástico de burbujas, luego de desarmar el 85% y luego ponerlo en un cajón y enviarlo como equipaje. Sin embargo, siempre hay un par de HDP a los que no les importa un carajo y simplemente permiten que la silla caiga de la banda transportadora, como si no fuera el salvavidas de alguien. Por esto, he recurrido a viajar sólo en mi cochecito de la muerte. (Para los que no saben de lo que hablo, favor remítanse a mi reciente artículo sobre Disney). Después de años y años, mis padres… y yo, hemos decidido que esta ha sido la forma más eficiente de viajar. Debido a esto, solemos llegar al aeropuerto tres horas antes del vuelo para poder acosar al Agente de Seguridad de Transporte (AST) para que abordemos el avión antes que todos, ya que este procedimiento toma su tiempo.

Eso es exactamente lo que hicimos en diciembre 19, 2019. Desarmamos mi coche de la muerte y lo metimos en una bolsa de lona. Llegamos donde el AST, afortunadamente él hablaba español, así que la comunicación fluía en ambos sentidos y nos dejó abordar antes que los demás, como de costumbre. Todo iba como lo habíamos planificado. Mi papá me llevó adentró. Saludé a la azafata. Ella se veía linda, yo me veía linda. El me colocó en el asiendo del medio mientras el chico AST le pasaba a mi madre los cojines que mi papá manufacturó para que mis pies no se acalambraran y mis brazos no quisieran caer antes de que terminara el vuelo. Luego que mi papá terminó de guardar la silla, ambos se sentaron, un padre a cada lado, yo en el medio. Todo estaba resultando extremadamente bien… tal vez demasiado… Las personas de mayor edad comenzaron a abordar el avión, lo que significaba que era la hora del espectáculo. Después, todos los demás abordaron el avión. Lo siguiente que te das cuenta es que la azafata está cerrando la puerta y haciendo su inspección por el pasillo. Aquí es donde la mierda llegó al borde.

La azafata revisando todos los compartimientos superiores y aquí es cuando le dice a mi mamá que tenía que guardar la almohada que tenía bajo mis pies debajo del asiento delantero de nosotros para el despegue. Mi madre le dice “Es para que no se le duerman los pies” (mi madre puede ser muy mordaz, pero esto lo dijo de modo pacífico). Y por alguna razón la azafata decidió abrir la puerta y buscar al AST para que viniera de nuevo al avión. El comenzó a hablar con mi papá como si fueran amigos de la universidad, y le pidió entonces que me cambiara del asiento del medio al de la ventana. Mi papá obviamente se negó. Comenzó a cambiar de colores de rosado confundido a rojo enfadado a azul furioso. Y entonces la azafata se unió a nosotros para esgrimir que la Ley F17, llamada “Los discapacitados que se jodan”, que prohíbe que los niños vayan en el asiento del medio. Si, LOS NIÑOS. Aparentemente, si hay una emergencia, no habría suficiente espacio para que la persona de la ventana (mi mamá) salga.

Ahí es cuando todos nos volvimos locos. Mi papá procedió a resaltar el hecho de yo no soy una niña. Tomaría cerca de 30 minutos cambiarme de asiento. Y, ella debería hablarme a mí, no a mis padres acerca de mí. Allí ella decidió que yo era una analfabeta y en su defensa, dijo “Es que yo no hablo español” A lo que respondí, para su sorpresa “Está bien. Yo hablo perfectamente el inglés”.

1) Yo no soy una niña.

2) YO NO SOY UNA NIÑA.

3) No entiendo cuales son mis derechos como una persona discapacitada. Si soy una persona discapacitada sentada a la ventana, ¿cómo DIABLOS piensan sacarme en una emergencia? … Hablando hipotéticamente sería difícil hacerlo si fuera un niño.

4) ¿Será que esta cabrona no puede entender el contexto? Es mi mamá la que está en la ventana. Repito, mi MAMÁ. Ella nunca jamás me dejaría.

Así que, en realidad, todo lo que esta cabrona hizo fue retrasar el vuelo por una hora. Porque nosotros no nos íbamos a mover. Nos negamos. Así que este tira y encoge continuó hasta que el piloto se fastidió y la llamó a la cabina, y allí fue cuando ella cedió.

El AST nos felicitó por haber ganado nuestra difícil batalla. Y yo le dediqué a la azafata mi mirada de la muerte por las siguientes 2.5 horas.

Creo que esta es la parte donde yo le doy a mi lector algún consejo y/o le digo como enfrentar situaciones como esta. Pero, no he llegado allí. No lo sé. Aún estoy pensando como debo hacerle frente a la situación. Así que por favor, gurú de viajes discapacitado que constantemente estás saltando en mi ‘’feed’’ de Instagram, si tú realmente eres un gran fan de mi trabajo o al menos estás intrigada por mi miseria (seamos honestos, estoy segura que es el 85% de ustedes, mi gente) no guardes estos secretos para ti mismo. ¿CÓMO haces para viajar tan frecuentemente, y mantenerte organizado?

Mientras, he decidido que mi próximo paso para evitar este dilema será usar una gorra de béisbol que diga: NO SOY MENOR, cada vez que pretenda viajar.

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© 2018 Glow Rivera-Casanova