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3 Cosas que me Molestaron este Mes: Diciembre

La siguiente lista contiene una serie de eventos que se las arreglaron para que deseara levantarme y patearle el trasero a alguien.

1. Espacios de parqueo para discapacitados

Aquí hay un giro del destino. Generalmente, me molesto con las personas que estacionan en los espacios para discapacitados, sin embargo, últimamente he notado que esos espacios en sí, son sólo porquería. No deberían ser identificados en absoluto como para discapacitados. Mientras mi cuidadora y yo nos apresurábamos para comprar los regalos navideños durante el mes, hemos notado que hay, ya sea un árbol, o un contenedor de basura, o una ridícula cantidad de señales estratégicamente ubicadas en la salida de la rampa para la silla de ruedas. ¿Cómo puede ser un espacio para discapacitados, si ni siquiera puedo salir de mi vehículo? ¿Estos espacios siquiera satisfacen algunas necesidades de discapacitados? Estoy segura de que Tomás, el jugador de futbol de la escuela secundaria que se partió una pierna en un juego, temporalmente (en oposición a permanentemente) no tiene problemas con eso, pero esta es mi vida. Si eso fue demasiado cabrón, pido disculpas. Sin embargo, te sugiero que estés pendiente de los lugares para discapacitados y te darás cuenta de que probablemente eran los espacios que quedaban cuando alguien estaba dividiendo las calles en puestos para estacionar y algún triste pedazo de m… dijo: “Bueno, lo podemos dejar para discapacitados”, sin tomar en cuenta la hilera de apretados arbustos que impedirían mi salida en cualquier forma o manera.

2. Tropiezos con la silla de ruedas.

Me gusta pensar que he logrado adquirir cierta elegancia en mi silla de ruedas, pero eso sí que requiere de mucha precaución y memoria. He desarrollado un sexto sentido cuando se trata de cambios imprevistos en la altura de superficies. Sin embargo, cuando falla, digamos, ¿recuerdas cuando en la secundaria las chicas comenzaban a usar tacones, más específicamente aquellas que comenzaron a usar zapatos de stripper? Caminaban muy lentamente, porque sabían que estaban mordiendo más de lo que podían masticar, y pronto caerían de cara en el suelo. Bueno, yo pensé que nunca me iba a suceder a mí. Tropezarme era algo que jamás me iba a ocasionar cualquier tipo de vergüenza alguna. Yo soy una mariposa revoloteando sobre ruedas, llámenme también un pequeño dron. Resulta que, en lugar de eso, me tropiezo en mi silla de ruedas. Esto implica que no haya recordado la pendiente enorme que hay en la mitad del oscuro bar. Por lo tanto, no habiendo planeado deslizarme de forma estratégica y elegante por la rampa, termino haciendo el papel de tonta torpe delante del atractivísimo camarero. Mis amigos, (que no notaron mi tropezón) dicen que él no lo había notado y no recordaría, pero mi memoria me dice lo contrario. Los tropezones de la silla también se deben a imprevistos baches en la calzada, a gruesas alfombras en medio de un importante espacio de oficinas, y otros obstáculos ridículos e innecesarios.


3. Ridículas vueltas en U

Como he declarado antes, es diciembre. Yo soy una chica de isla. No estoy acostumbrada al clima frío.No importa lo que mi tez pálida diga que sea verdad, yo disfruto del sol.Sin embargo, he estado aquí por cinco años y cada invierno, mis músculos se rebelan fuertemente porque es demasiado frío allá afuera. No puedo explicarlo, pero si estoy afuera en el gélido frío, mis músculos se acalambran y una vez que eso sucede, se niegan a obedecer.Así que mi cerebro está como que: “¡Hey, mano derecha!, Necesito que cruces a la derecha en el siguiente semáforo.” Mi mano diría: “Naaa, tus únicas opciones son o ir a la izquierda o seguir derecho”. Si alguna vez me ves en la calle haciendo ridículas vueltas en U sobre la calzada, ya sabes que es porque necesito ir a la derecha.¿Usar mitones, dices? Bueno, alguien merece un premio Nobel.Ciertamente he tratado de usar mitones, guantes y todo otro tipo de dispositivos para cubrir mis manos, pero resultan muy pesados o dificultan mi conducción, así que elijo i

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